jueves, 9 de enero de 2014

Día 29 –Tempus Fugit

Hoy hemos vuelto a madrugar por culpa del jet lag, aunque tiene muchas ventajas: eres el primero para desayunar y de los primeros en llegar a los templos antes de que las hordas de autobuses lleguen. Hoy hemos ido primero a un templo que se nos había quedado en el tintero el viernes y que esta justo en la otra orilla del Grand Palace. Para la ida hemos ido en taxi y para la vuelta en ferry. El templo se llama Temple of Dawn o Wat Arun y lo curioso es que te permite subir o más bien escalar por una empinada escalera. Este templo está cubierto de distintos ornamentos de azulejo, conchas, etc.

 

Una vez ya visto el templo hemos cruzado a la otra orilla para volver a coger el ferry público y hemos aprovechado para avanzar un poco más en el río hasta que nos hemos cansado y hemos dado la vuelta ya que todavía teníamos que hacer el check out en el hotel. Dejamos las maletas en consigna y nos fuimos a pasar el resto de tiempo que nos quedaba a ver lo que todo el mundo dice que es una cita imprescindible si vas a Bangkok: los centros comerciales de la zona de SIAM.

La verdad es que nosotros no somos nada devotos de los centros comerciales, así que no le hemos sacado mucho provecho, aunque se agradece encontrar un sitio con aire acondicionado y sitios donde poder comer que no sean puestos callejeros. Primero fuimos a uno de los centros comerciales más famosos y al parecer más grandes: el MBK, que es algo parecido al centro comercial La Vaguada pero con mayor densidad de tiendas pequeñas. Ni los precios, ni el género (el equivalente a una tienda de chinos) nos conquistaron así que pronto salimos de allí y nos encontramos con que a la entrada había un festival/sarao de comics con gente disfrazada, jejeje…. Todavía visitamos un centro comercial más el SIAM DISCOVERY, que era más pijo y tenía tiendas de nombres más conocidos y de marca, pero nosotros seguimos impasibles ante la ola consumista.

Ya no nos quedaba mucho tiempo, así que nos fuimos en taxi a coger las maletas al hotel para estar pronto en el aeropuerto. Solo unas horas de espera, otras tantas de avión y una escala en Londres nos separaban de casa. La vuelta no esta siendo tan dura como se hace esperar porque la verdad después de este intenso mes de experiencias también apetece volver a la casa y volver a ver a la familia. El viaje ha sido estupendo y ni en las planificaciones más optimistas hubiéramos pensado que todo fuera a salir tan a pedir de boca.

Día 28 – Es-thai-mos tan agustito….

Hoy decidimos empezar el día en busca de Chinatown de Bangkok y digo búsqueda porque no fuimos directos en taxi, sino que cogimos el ferry y tuvimos que andar buscando las calles que nos llevarían hasta allí. Al principio parecía tarea fácil, pero es difícil  orientarse en este tipo de ciudades de tráfico caótico, calles sin señalización (o en letras Thai) y llenas de tiendas/puestos que te cubren toda la acera. Aún así al final dimos con Chinatown, aunque para ello pasamos por las distintas zonas de mercadillo: textil, armas, cortadoras de cesped….

El barrio de Chinatown  esta lleno de puestos pero de cosas que te puedes encontrar en una tienda de chinos en España y también había tiendas para autóctonos, porque digo yo que a los turistas no nos interesará mucho los motores de barco, etc. por lo demás, nosotros queríamos ver el Buda de Oro (Golden Buddha) que por 50 bats podías subir a ver. Justo al lado había un quiosco de oficina de información así que tratamos de que la chica nos informará un poco más (con poco éxito).

 

Al final decidimos ir en busca de otra serie de edificios (el Palacio Vimanmek y un par más cuyo nombre soy incapaz de reproducir) que incluía la entrada del día anterior del buda esmeralda y que estaban un poco más al norte, así que cogimos un taxi hasta allí. Lo que más nos gusto fue el Palacio Vimanmek que al parecer es una mansión de un rey que fue construida en el año 1900 y usada como residencia de verano. Lo que más destaca sin duda es que es uno de los edificios más grandes construidos en madera de teca, lo cual puedes comprobar in situ, porque te hacen descalzar y meter todo lo que llevas en una consigna (con cacheo obligado por si llevas móvil, porque no se pueden hacer fotos de ningún tipo). El Palacio también es interesante por los muebles y la estructura de la casa, con unas cristaleras y unas habitaciones increíbles.

 

Después de esto visitamos otro recinto/palacio/mansión que alojaba una muestra variada de monedas, joyas, bolsos etc…supongo que todo ello de la realeza tailandesa. Justo cuando salimos de aquí empezó a tronar y relampaguear así que cogimos un taxi que nos llevase al hotel antes de que empezase el diluvio, del que nos salvamos por un pelo. Para recobrar fuerzas, porque este calor sofocante nos deja plof, decidimos volver a visitar la piscina del hotel que tiene unas vistas increíbles y de ahí nos fuimos a la búsqueda de un crucero para hacer por la noche, aunque al final desistimos porque no nos gustó lo que nos ofrecían. Así que nuevamente cambio de planes, ¡nos vamos a cenar por ahí a un Thai con muy buena pinta que nos han recomendado en el hotel! Un gran acierto…

Día 26 – Fatiguita day!

Bueno el día digamos que ha empezado de empalmada con el anterior. Estamos en el aeropuerto de Christchurch y tras 10 horas de espera por fin han abierto la facturación de maletas. A estas alturas ya estamos un poco jarticos… y la verdad que las chicas de las mesas de facturación no ayudaban mucho: facturaron las maletas a destino como es lo esperable pero no nos dieron la tarjeta de embarque para el 2º vuelo. Y lo que es peor, cuando le preguntabas dudaban, tartamudeaban… y eso que era en ingles (su primer idiomas…), pero lo que más nos molestó es que volaramos con jet estar en lugar de con Quantas.

Con la tarjeta de embarque del primer vuelo nos dirigimos a la zona de embarque, atravesando el habitual control de seguridad y el control de explosivos adicional que últimamente recibe mi mochila llena de gadgets electrónicos….(Yo creo que me paran por la barba que me he dejado). En la sala de embarque aprovechamos para desayunar y gastar los últimos kiwi dólares que nos quedaban en la cartera ¡y rumbo a Melbourne!

En el vuelo aprovechamos para echar un buen coscorrón. Entre sueños escuchamos por megafonía que preguntaban si había algún medico entre el pasaje ya que había alguien que se encontraba mal. Esto según las películas es una mala señal, pero peor aún es cuando preguntan por megafonía si alguien sabe pilotar un avión…. en fin, que tras el vuelo espartano de 4 horas sin comida, sin mantita, sin pantalla para ver peliculas, llegamos a Melbourne. Tras localizar la puerta de embarque en la que nos dijeron que con una hora de antelación a la salida nos darían la tarjeta de embarque (estos de jet estar guardan las tarjetas como si fueran de oro) nos buscamos un rincón cerca de un enchufe y con wifi para pasar el rato viendo pelis, series y navegando por internet.

Después de mucho esperar y ya con nuestra reserva de anacardos que compramos en Nueva Zelanda en la reserva, conseguimos la ansiada tarjeta de embarque. Como era normal los asientos que nos tocaron era en la parte central de la fila (la configuración era 2-4-2) así nos sentó regular. El enfado se nos pasó pronto cuando vimos que los 4 asientos eran para nosotros solos y que al haber volado con Quantas nos iban a dar un pack de viaje (calcetines, antifaz, tapones para los oídos, etc…) y comida (para el resto del pasaje era de pago). El poder estar totalmente tumbado mejoró sensiblemente la experiencia de vuelo. Bueno total que tras tropececientas horas de espera y otras tantas de vuelo llegamos finalmente a Bangkok! Para nuestra tranquilidad comprobamos que las maletas habían llegado sin problema, así que tras el control de pasaportes y cambiar algo de dinero (la moneda tailandesa es el  Bath) nos fuimos directos a coger un taxi.

En internet habíamos leído bastante de lo habitual de los timos en Tailandia y de los líos que te hacen los taxis. Para minimizar problemas nos fuimos al servicio de “taxi publico” en el por 50 bats te buscan un taxi y te dan un papelito con todos sus datos por si te intenta timar. Esto no te salva de nada pero al menos se cortan un poco mas. Ya en el taxi el “colega” nos comento que lo del taxímetro que pasaba y que nos hacia tarifa plana del peaje de la autovía, los 50 bats del suplemento del aeropuerto y la carrera al hotel por 500 bats. En esos momentos teníamos pocas ganas de ponernos a discutir, ya que solo queríamos llegar a nuestro hotel y como habíamos visto en la página del hotel que la media del trayecto eran 500 bats (unos 12 euros) le dijimos que para adelante).

Tras 45 minutos llegamos al Hilton Millenium… en el cual teníamos una espectacular habitación con vistas al rio… y una más que deseable cama king size…. no nos quedaba fuerza para nada mas salvo para una ducha para quitarnos toda la roña de los aeropuertos por los que habíamos pasado y a la cama! a dormir como Dios manda!

Día 27– (La Oreja de…) Bangkok

Nuestro primer día en Bangkok amaneció estupendamente, habíamos dormido como benditos después de estar 24 horas deambulando por los aeropuertos y encima teníamos una preciosa habitación en el piso 21 con vistas al río, aunque lo mejor de todo fue el superbufet de desayuno que tuvimos el gran acierto de contratar ¡madre mía!, había de todo lo imaginable: desayuno a la europea, japonés, chino, thai, etc… no teníamos ni idea de qué eran la mitad de las cosas que nos estábamos comiendo.

Con el estomago lleno nos encaminamos al Templo del Buda esmeralda y el Grand Palace. Para llegar al primero cogimos un barco del hotel que nos llevaba hasta el muelle central en Sathorn Taksin y ya desde allí cogimos un ferry local que tras 8 paradas te deja cerca del templo. El paseo en barco es muy agradable, sobre todo si coges un sitio en el barco con sombra. El calor es sofocante y eso que es primera de hora de la mañana, es la madre de todos los bochornos.  En la mochila teníamos un suministro de botellas de agua cortesía del hotel, que fuimos recargando en los seven eleven que nos íbamos encontrando. El rio Chao Phraya tiene un tráfico incesante de barcas “long-tail”, barcazas, transbordadores que te llevan de una orilla a otra, barcos de linea, etc… solo faltan unos tuc-tucs para completar el palmares! El rio está bastante turbio y la fuerte corriente arrastra mucha vegetación… antes esta situación es muy recomendable si vas “en ventanilla” que mantengas la boca cerrada o te la tapes con la mano al hablar, ya que la ingestión de este agua te puede condenar a un desajuste intestinal del que ni Coronado se podría hacer idea.

 

Total que fuimos en una barca rumbo a los templos y palacios y la verdad es que no nos decepcionaron. Al bajar del barco te tienes que abrir paso entre una multitud de puestos en el que venden virtualmente de todo. Lo bueno es que los vendedores no son cansinos, con un NO pasan de ti y buscan al japonés más cercano para intentar venderle a el. Bueno lo primero es comprar la entrada (la más cara de todas las que hemos comprado aquí: unos 400 bats = 12 euros) con la que tienes derecho a entrar a: palacio real, templo de buda de jade, la mansión Vimanmek, el museo de la moneda, etc… y otros sitios menores. Lo realmente impresionante es el palacio real y el templo de buda de jade (aunque la mansión Vinanmek tampoco está nada mal). 

 

Empezamos por el templo del buda de jade, el cual estaba ¡lleno hasta la bandera! había locales haciendo visitas para rezar, grupos de asiáticos por todos lados corriendo de un sitio a otro mientras disparan fotos en modo ametralladora, algunos europeos, etc… El abarrotamiento está justificado, ya que el templo es una maravillosa y cuidada estructura de vivos colores. La ornamentación está recargada hasta el infinito y el oro lo domina todo. Para entrar en la zona donde se encuentra el buda hay que quitarse los zapatos los cual hace que la multitud a 30 grados de temperatura y 80% de humedad desprenda un interesante olor a humanidad… vamos que yo soy el buda y me levanto y me voy gritando “esto no se puede aguantar”… pero bueno la paciencia divina es lo que tiene. Nosotros nos metimos las zapatillas en la mochila para evitar riesgos de extravíos de zapatos y entramos a ver el buda. El interior era muy amplio y profusamente decorado, y la verdad es que nos encanto…. además había grandes ventiladores así que nos tomamos nuestro tiempo para contemplar al buda sentados en el suelo mientras uno de los ventiladores nos enchufaba directamente en la cara. En el interior no se podían hacer fotos, así que también estábamos bastante entretenidos viendo como el guardia (con muy mala ostia por cierto) ponía firmes a los chinos que se pasaban la prohibición por el arco de su real muralla china.

 

Después de ver el buda y los edificios adyacentes, nos fuimos a la parte del complejo del palacio real el cual seguía un estilo parecido muy barroco en su decoración así como un intenso uso de los colores vivos. Tras visitar los diferentes edificios y estancias dimos por concluida la visita.

 

Aprovechando que estábamos cerca nos dirigimos a otro templo, Wha Pho, en el que está el buda tumbado mas grande del mundo… ¡y no nos extraña! De camino al templo te toca a travesar una calle llena de puestos de comida y cacharros varios. Los vendedores por lo general no te hacían caso, el oro de la pesadez  se lo llevan por merito propio los conductores de tuc tuc. El templo Wha Pho también merece la pena y con la entrada te dan una botella de agua lo cual se agradece mucho. A parte del buda tumbado hay varios edificios que completan el complejo y nos cruzamos con varios monjes ataviados con su característica túnica azafrán.

 

Por el calor excesivo, la humedad, cansancio acumulado, etc… decidimos pillar un taxi y volvernos al hotel tras visitar el templo para recargar pilas en su piscina. Los Tuc Tuc te salían mucho mas baratos entre 15 y 30 bats frente a los taxis que cuestan  80 – 120 bats (120 bats = 3 euros). La elección entre Tuc Tuc y Taxi en nuestro caso estaba clara, a pesar de que el Tuc Tuc es muy pintoresco no deja de ser una motillo decorada como una atracción de feria y conducida habitualmente por un macarrilla amante de las pirulas, Te vas comiendo la contaminación de la ciudad, y a parte del ruido que te meten… como te diga de llover te ahorras la ducha. Los taxis no están mal, todos van con su aire acondicionado y lo más importante tienen chasis rígido, elemento que después de ver como un taxi apartaba a un tuc tuc a golpes empezamos a valorar cada vez más. Nosotros decidimos tirar la casa por la venta y gastarnos 2 o 3 eurillos por viaje Risa ¡que no hay pena!

Día 25 – Se nos acabo la Nueva Zelanda que se daba….

Hoy es nuestro último día “operativo” en Nueva Zelanda. Tenemos que dejar la caravana antes de las 16:30 así que les pedimos a los del holiday park si nos dejaban hacer el check out de la caravana más tarde de las 10:00 que es la hora habitual (nos dejaron hasta las 14:00), así podríamos aprovechar la mañana para pasear por Christchurch, aunque el día anterior ya habíamos visto lo más importante. Cogimos un bus al centro de la ciudad, hicimos trasbordo y nos dirigimos hasta New Brighton, que es donde están los muelles porque al menos queríamos ver el mar y la playa de Christchurch, aunque en realidad esta ciudad vive de espaldas al mar, justo al contrario que Auckland y Wellington.

El trayecto de bus nos llevó de nuevo por barrios desolados por el terremoto, aunque algunos de ellos tampoco tenían mucha pinta de que tuvieran un buen lustre pre-terremoto. La zona del muelle es un poco decepcionante y esta vez no por causa del terremoto, sino por pura desidia. Vale, quizá aquí nos pueda el espíritu español de hacer paseos marítimos o  por lo menos calles con algo de ¡vida!. Aquí lo único que había era un muelle feo, muy feo, y una biblioteca pública con vistas al mar (eso si que nos gusto, aunque el edificio por fuera tampoco era una belleza), por lo demás, pocas casas, ninguna lustrosa, no hoteles, alguna tienda y un supermercado cerca.

El muelle aparte de feo tiene su historia, al parecer antes había uno antiguo del siglo XIX pero en los años 60 decidieron que había que cambiarlo y empezaron a hacer una colecta entre los ciudadanos para recaudar dinero. El muelle se inauguró en los años 90, no sabemos si porque tardaron tiempo en recaudar o por qué, pero eso si, aquí si son agradecidos porque han puesto plaquitas en el muelle con los benefactores ¡y ordenado por la cantidad que donaron! Otra cosa que nos sorprendió es la cantidad de gente de origen asiático que había pescando cangrejos. La verdad es que no se les veía muy estresados a esta gente, echando un cigarro tras otro y de chachara con sus coleguillas. Era increíble la cantidad de cangrejos que sacaban con una nasa y carne podrida.

 

Después de ponernos los dientes largos con tanto marisquito, decidimos probar el agua y la playa. El mar estaba fresquibiris y en la playa no se estaba nada agustibiris, estaba llenita de troncos, ramas, etc., y no era muy ancha, así que no nos estuvimos mucho tiempo más y nos volvimos al centro de la ciudad porque queríamos rodear la “zona cero” que tenían acordonada y cerrada al tráfico.

 

La verdad es que se te corta el cuerpo ver el panorama del centro de la ciudad, es como estar en una zona de guerra, las calles están vacías con el único tráfico de camiones y de curritos, sólo hay edificios fantasma y/o a punto de derruirse… Aquí les quedan muchos años de reconstrucción, porque hay muchísimo trabajo por hacer….

De vuelta al camping, cogimos la caravana y emprendimos los últimos 15 minutos con la campervan, bastante tensos por cierto, porque temíamos que en cualquier momento cualquier tropiezo nos hiciera perder la fianza, y eso que al final ya la había dominado y la conducía con soltura, es más, ¡yo creo que cuando volvamos a España me va a costar conducir por la derecha otra vez! Además teníamos que buscar una gasolinera para saciar el voraz apetito de nuestra compañera de viaje. Al final nuestros temores fueron infundados, llegamos bien, sanos y salvos y la caravana sin ningún rasguño, así que los de APOLLO nos devolvieron la fianza y nos dieron una gratificación por los 2 días que nos tuvieron parados hasta que nos dieron la caravana de reemplazo. De aquí los de APOLLO nos llevaron al aeropuerto y allí nos quedamos esperando nuestro vuelo…Lo ideal hubiera sido aprovechar y volver a la ciudad para ver algo más pero tal y como estaba Christchurch, ya no había mucho más que ver. Otra opción era acercarnos a ver una atracción que tienen cerca del aeropuerto sobre la Antártida y los pingüinos, pero resulta que cerraba a las 17:00 así que no nos solucionaba la papeleta (tenia muy buena pinta ya que EEUU tiene en ChristChurch una base dentro del aeropuerto desde la que abastece a su base de la Antártida y tenían un muchos cacharrería antártica real). Sólo nos quedaba: esperar en el aeropuerto o coger algún hotel cerca, pero como nuestro vuelo salía a las 6 de la mañana decidimos quedarnos en el mismo aeropuerto. Lo malo fue que volábamos con Jet Star (la low cost de Quantas). Los de Quantas son unos cachondos, contratas con ellos pero te meten en un lowcost donde la “experiencia” de vuelo no es ni de lejos como volar con Quantas y encima no nos dejaban hacer el check in hasta las 4 de la mañana, así que tuvimos que estar con las maletas a cuestas. Para colmo a las 20:00 nos echaron de la zona de espera que tenía silloncitos y wifi y nos mandaron a la zona de llegadas internacionales, donde no había tiendas, ni bares, ¡ni sillones! Eso sí había una lista larguísima de prohibiciones (no acampar, no inflar colchones hinchables,  no tender la ropa, no encender fuego….). Lo bueno es que conocimos a otro español y estuvimos charlando, así que se nos pasaron más rápidas las horas y conseguimos no dormirnos. Por delante todavía nos quedaba un vuelo de 4 horas a Melbourne, 5 horas de espera en el aeropuerto de Melbourne y otro vuelo Melbourne – Bangkok de 10 horas…¡vamos a por tí JET LAG!

miércoles, 10 de octubre de 2012

Día 24–Vamos a Ch’Ch’, usease a ChristChurch

El día comienza como acabó, con lluvia… llevamos 2 días que el tiempo no nos da tregua! Hoy según la previsión el tiempo iría mejorando, aunque de momento teníamos que conformarnos con lo que teníamos y hacer una pequeña ruta bajo la lluvia en el Peel Forest, un bosque protegido de podocarpos (totaras y kahikateas) para ver un gran árbol que tiene 31 metros de alto, 8,4 metros de diámetro ¡y más de 1000 años de vida!

DSC05737DSC05751DSC05762DSC05770

Después de hacer la ruta ponemos rumbo a nuestro último destino kiwi: Christchurch. La verdad es que no sabemos que nos encontraremos porque al parecer los terremotos del último año (febrero 2011) afectaron principalmente al centro de la ciudad. Unos españoles que nos encontramos durante el viaje ya nos avisaron de que el centro estaba casi todo vallado y que no íbamos a poder ver mucho de la ciudad. Para empezar el camping donde queríamos alojarnos nos enteramos que había sido afectado por el terremoto y estaba cerrado, así que tuvimos que alojarnos en el Top 10 Holiday Park, que está a unos 6 km al norte de la ciudad, aunque esta muy bien comunicado por bus ¡y tiene piscina!

DSC05777DSC05775

Una vez que aparcamos la campervan en el camping decidimos hacer una primera expedición y coger el bus hasta el centro de la ciudad. Al principio apenas veíamos edificios afectados, porque casi todo eran casas y moteles de una planta, pero a medida que nos acercábamos al centro empezábamos a ver las consecuencias del terremoto: iglesias dañadas con las cúpulas separadas para que no se cayeran, manzanas enteras cerradas con vallas y escombros, parcelas vacías donde antes había casas, tiendas abandonadas y apuntaladas… Al parecer la catedral fue gravemente dañada pero la  verdad es que no pudimos verla ni de lejos, porque todo el centro esta cerrado al tráfico y sólo se ven curritos y camiones trabajando y demoliendo edificios… El escenario era desolador y muy triste, en todas partes de la ciudad ibas viendo consecuencias del terremoto, no sólo en los edificios si no también en el pavimento con marcas fosforitas por todas partes para señalar los daños. Aún así la ciudad esta tratando de despertar y justo al lado del centro han abierto una calle comercial donde las tiendas están en contenedores de barco puestos en modo fashion, lo llaman el RE-START…

DSC05781DSC05784

DSC05786DSC05800DSC05802

Ante este panorama dimos una vuelta y nos dirigimos al jardín botánico donde no se veían grandes daños. Allí aprovechamos para visitar la oficina de información para ver si podían sugerirnos qué ver pero casi todo lo que nos ofrecían eran excursiones fuera de la ciudad y una ruta por la zona “cero” para entrar en la zona restringida y ver los daños del terremoto en la catedral (15 NZD, 50 minutos). Decidimos entrar en el Museo de Canterbury (gratis) que está justo al lado y puedes ver una exposición de la historia de la ciudad, incluso una reproducción de cómo serían las calles de Christchurch en el siglo XIX. Después aprovechamos para seguir dando un paseo por el botánico y nos volvimos al camping andando para ver la ciudad a pie de calle.

DSC05809

Día 23 – Llueve una jartá!

Las predicciones meteorológicas nunca fallan cuando se necesitan. Después del fantástico día que tuvimos ayer hoy ha amanecido el día lluvioso y frío, e incluso el hombre de la gasolinera nos ha dicho que iba a nevar inminentemente. Con este panorama hemos decidido que no merecía la pena empaparnos para hacer la ruta al Monte John en el Lago Tekapo, así que hemos avanzado un poco más en nuestro viaje camino de Timaru.

DSC05669DSC05674DSC05677

Timaru es una ciudad unos 200 km al sur de Christchurch, tampoco es que tenga nada espectacular que ver en un día lluvioso, pero algo había que hacer, así que aparcamos al lado de la playa (Caroline Bay) y dimos un paseo por la ciudad. La verdad es que el tema playas (arena, paseos marítimos, etc.) aquí no lo cuidan bastante, sobretodo en comparación con nuestras playas, aunque si que tienen a su favor que no hemos visto desarrollos urbanísticos tan monstruosos como los que tenemos en España. Tras la habitual cata del agua en Timaru, podemos afirmar que hasta los pingüinos dan grititos cuando se meten de lo fría que esta. A pesar de la temperatura glacial del agua, en las guías aparece como una de las playas más seguras de Nueva Zelanda para bañarse en verano…. parece ser que los muertos por hipotermia no los cuentan. En la playa también reciben la visita de pingüinos y focas al caer la tarde, lo cual es un plus si no has ido a Oamaru. Nosotros dimos una vuelta por su paseo marítimo, su jardín de rosas (aquí florecen en noviembre) y como ya estábamos aburridos y no dejaba de llover nos refugiamos en la biblioteca pública, porque tienen internet gratis.

 DSC05684DSC05687DSC05691DSC05698DSC05702

La verdad es que había pocas opciones que hacer en Timaru porque además era lunes y estaban cerrados un par de museos. Había que tomar una decisión: a) quedarnos en Timaru, dormir en un parking al lado de la playa donde esta permitido acampar y ver los pingüinos al caer la tarde; b) irnos a Geraldine (al norte de Timaru) que tiene un bosque de especies autóctonas muy famoso (Peel Forest).

Al final ganó la opción b) y pusimos rumbo a Geraldine donde una amable señora de la oficina de información nos puso al día de todo lo que podíamos hacer y donde podíamos pernoctar. Cómo seguía diluviando pasamos de ver el jersey más grande del mundo (record guiness) y optamos por hacer acopio de corderete en la carnicería del pueblo, porque eso de no parar de ver corderetes durante los últimos días saltando y correteando por lo prados hacia que nos relamiéramos… bueno no… pobrecitos los corderillos, pero como estos ya habían pasado a mejor vida… ¡pues a disfrutar de ellos!. Total, con unas cuantas chuletillas en el frigorífico decidimos dormir en un camping del Departamento de Conservación que está dentro del Peel Forest, así si escampaba en algún momento podríamos hacer alguna ruta para ver el bosque y su árbol gigante. No dejó de llover con ganas toda la tarde y toda la noche… ¡pero nuestro cordero murió por una buena causa!

DSC05720DSC05727DSC05723

martes, 9 de octubre de 2012

Día 22 – Monte Cook: ¡hoy te toca a ti!

Amanecimos en Cromwell, un pueblo con muchos viñedos y frutales al lado de un lago, de los muchos que nos estamos encontrando en Nueva Zelanda. Las predicciones meteorológicas no fallaron y el día estaba tan radiante de sol que hasta escocían los ojos, así que decidimos ir directos al pueblo de Monte Cook antes de que se nublara. La carretera era sorprendentemente bastante buena, muy llana, con pocas curvas, así que realmente avanzabas bastante rápido. El paisaje también había cambiado, ya no era verde y frondoso y los ríos tenían poco caudal, pero seguíamos rodeados de altas montañas allá por donde mirases.

DSC05488DSC05489DSC05498

Cuando te desvías para el Monte Cook la carretera va rodeando el lago Pukaki, que tiene un increíble color azul turquesa. Yo creo que nos estamos inmunizando ante la belleza de tanto lago, porque es que en la isla sur hay lagos por doquier, a cual más grande y hermoso.

DSC05618DSC05621

Por fin llegamos al pueblo del Monte Cook, aunque más que pueblo realmente es un puñado de hoteles y la oficina de información, cita obligada cada vez que llegamos nuevos a algún sitio. Aquí nos han dicho dos posibles rutas que podemos hacer: a) el Hooker valley (unas 3 horas ida y vuelta, con parking al principio de la ruta); b) el glaciar Tasman que se está derritiendo formando un nuevo lago (tienes que coger 8 km de una carretera sin asfaltar que según el de la oficina de información no siempre cubre la empresa de alquiler de caravanas y luego todavía tienes una caminata de media hora). Decidimos hacer la primera ruta que nos acercaría al Monte Cook y al glaciar y lago Hooker y luego ya veríamos si teníamos tiempo para hacer la segunda.

DSC05506DSC05510DSC05513

El Parque Nacional del Monte Cook comprende unas 140 cumbres de más de 2000 metros y varios glaciares. Realmente ya habíamos estado muy cerca del Monte Cook cuando estuvimos viendo los glaciares Fox y Franz Josef porque estos están justo al oeste, aunque esos días estaba tan nublado que no se veía ninguna cumbre. La pena es que no haya muchas carreteras en Nueva Zelanda porque muchas veces tienes que dar grandes rodeos para poder ir a un sitio que realmente está al lado (Milford Sound debe estar a unos 50 km en línea recta de Queenstown si hubiera alguna carretera…), pero bueno, supongo que menos carreteras, menos impacto mediombiental y menos inversión en infraestructuras que tienen que hacer…

El Monte Cook es el más alto de Nueva Zelanda con 3.754 metros y sirvió de entrenamiento para que Sir Edmund Hillary escalará posteriormente el Everest. La ruta del Hooker Valley te acerca al Monte Cook, nosotros al principio nos costaba reconocer cuál era exactamente porque está tan rodeado de grandes cumbres que es difícil distinguir cual es el más alto. La ruta esta genial, el sol lucía radiante, todavía había nieve en el camino y la cumbre del Monte Cook era un cubito de hielo, pero la ruta no tiene grandes repechos, aunque tienes que atravesar varios puentes colgantes y parte del camino esta embarrado y tienes que ir saltando de piedra en piedra (¡como las “zamburguesas” de Humor Amarillo!).

DSC05519DSC05539DSC05550DSC05565DSC05570DSC05589

Al final de la ruta llegas a un lago y ves la cara terminal de otro glaciar, aunque no nos acercamos mucho porque había riesgo de avalanchas y total, el monte Cook se veía igual de bien. Además, hacía un frio glacial que te cortaba el cuerpo a pesar del solete. En el camino de vuelta incluso vimos una pequeña avalancha de nieve en uno de los picos (estábamos lejos así que no había que preocuparse).

Cuando llegamos al parking recargamos pilas pero no se porque hoy estábamos los dos un poco plof y no queriamos arriesgar la fianza de la campervan metiéndola en el camino sin asfaltar para hacer la segunda ruta que nos habían propuesto (y andando eran 8 km más), así que animados por las buenas carreteras que nos estábamos encontrando por esta región, decidimos avanzar un poco más e ir a dormir a orillas del Lago Tekapo para poder verlo con la luz del sol, porque nuevamente las previsiones meteorológicas no nos daban tregua y auguraban un lunes lluvioso ¡¡incluso nevado!!

El lago Tekapo es primo hermano del Pukaki, con un agua azul turquesa increíble.  Cómo ya llegamos un pelín tarde para poder hacer una ruta que hay para subir al monte John y ver las vistas desde allí, decidimos ir directos a ver la Iglesia del buen pastor que está al lado del lago y al parecer se ha convertido en un gran atractivo turístico de asiáticos que vienen aquí para hacerse fotos de enamorados o incluso de boda. La iglesia en cuestión es más bien una capillita de piedra y tampoco es que sea una gran maravilla, lo bueno es su emplazamiento. Así que la verdad es que no entendemos esta pasión de asiáticos que llegaban como hordas en autobuses para hacerse fotos aquí y en la estatua de un perro ovejero (nos quedamos un rato contemplando a esta gente haciendo todo tipo de poses pintorescas: simulacro de pedida de matrimonio, beso y amor para siempre, vergüenza ajeeenaaaa….). Esto nos hace pensar que entonces cuando esta gente llega a España y ve la catedral de Burgos debe entrar en trance porque si se ponen así por una capillita de piedra de menos de 100 años….

DSC05633DSC05657DSC05645DSC05644

Día 21 - Vamos que nos vamos al Milford Sound

Primero vamos a explicar un poco qué es el Milford Sound y cómo llegar. Se trata de un fiordo situado al suroeste de la isla sur, formado por glaciares. Realmente no es un pueblo, sino una terminal de ferrys para hacer cruceros por el fiordo, un parking y unas cuantas casas/moteles. Las formas de acceder por Milfourd Sound son: a) avioneta/helicóptero; b) la ruta Milfourd Sound Track (5 días andando, está considerada como la2ª mejor ruta de montaña después del Aconcagua (o cómo se escriba); c) por carretera de montaña desde Te Anau (121 km de buen firme y trazado, aunque el Hommer Tunel se las trae…), puedes ir en tu propio coche/campervan o contratar la excursión completa de bus y crucero desde Te Anau o Queenstown.

Hoy nos hemos despertado pronto y rápidamente hemos abierto la cortina de la caravana para ver que tiempo hacia. La verdad es que lo que hemos visto nos ha dado esperanza ya que a pesar de estar nublado se veía un claro de cielo azul. Como la alegría dura poco en casa del pobre, hemos abierto la cortina del otro lado de la caravana y se veía unas nubes plomizas que no auguraban nada bueno… bueno de augurio poco, más bien se materializó a los 5 minutos con copos de nieve. En base a esto iniciamos el ritual de convertir el dormitorio de la caravana en el salón y preparamos el desayuno. Mientras recargábamos energía a base de nutella y café, estudiamos las alternativas que se nos planteaban: a) no ir al Milford (el joio nos lo estaba poniendo complicado); b) según la previsión meteorológica al día siguiente íbamos a tener sol radiante, por lo que habíamos pensado ir tranquilamente al Milford a ultima hora de la mañana, dormir allí y coger el primer barco de la mañana del domingo. Esta opción nos suponía un retraso en la planificación y tampoco teníamos garantías de que nos fuera hacer buen tiempo (el tiempo en primavera va un poco loco); c) Ir a Milford y hacer el crucero hoy por lo civil o por lo penal. Para poder decidir consultamos al oráculo Google para consultar el estado de la carretera, cortada desde las 5 de la tarde de ayer, y oh sorpresa, nos encontramos que estaba cortada a mitad de camino por nieve y arboles caídos. ¿¿¿Pero que pasa con esta carretera!!!???

milford

Con esta información fuimos a ver si la chica de i-site (algo empanada por cierto) nos podía decir algo más, y en efecto, superando su empanamiento logramos saber que a las 11:00 pensaban abrir la carretera pero que era necesario llevar cadenas. Así que decidimos optar por un hibrido de las opciones b y c  e ir hoy a Milford Sound. Nos acercamos a la gasolinera y alquilamos unas cadenas de nieve, el hombre nos dio una lección práctica de 2 minutos para saber como colocarlas. Ya con cadenas, el GPS configurado y la decisión tomada, encaramos los más de 100 km que nos separaban de Milford. Eran las 9.30 de la mañana.

Los 20 primeros kilómetros fueron bien, empezamos a ver cada vez más nieve y nos empezó a nevar cada vez con más fuerza. Ante esta situación decidimos parar a en Te Anau Downs a tomar algo y esperar que pasara un poco la nevada. Lo de tomar algo, ay ilusos de nosotros, porque en Te Anau Downs no hay nada, solo un explanada y unos baños… así que nuestro cafelito calentito tendrá que esperar a otro día. Allí esperamos un rato hasta que escampó: en 10 minutos paso de caer una nevada de la leche a salir tímidamente el sol. En Nueva Zelanda el hombre del tiempo no se puede equivocar, diga lo que diga acertará: en 2 horas nos había hecho sol, nublado, lluvia y nieve. Como no teníamos cobertura en el móvil Vodafone que habíamos pillado, algo ya habitual en la isla sur, no podíamos llamar para ver el estado de las carreteras para saber si al final lo abrían a las 11 o si se retrasaba, o sepa Dios… Como teníamos los horarios, decidimos esperar un poco más a ver si veíamos pasar los autobuses que te llevan de Queenstown o Te Anau a Milford: si no los veíamos pasar es que había problemas. Esperamos como media hora y empezaron a pasar a toda leche. En ese momento, como si fuéramos mecánicos de formula 1 dejamos todo lo que estábamos haciendo, guardamos los chismes que había por medio y salimos escopetados detrás de los autobuses aprovechando el camino que iban a abriendo.

DSC05189DSC05191DSC05212

Conforme avanzábamos el paisaje era cada vez más blanco y hasta parecía que había llegado la navidad (y el corte ingles sin enterarse). Nos encontramos en valles completamente blancos por la nieve y rodeados por grandes montañas. En la ruta hay tramos que están marcados como Non-stop por el riesgo de avalanchas, así que las fotos tuvimos que hacerlas desde el coche. Al llevar autobuses por delante íbamos mucho más tranquilos sobre todo con el posible hielo que se hubiera podido formar en la carretera.

DSC05225DSC05236DSC05238

Tras muchos valles y vistas asombrosas, llegamos al Homer Tunnel (primer túnel que hemos visto en Nueva Zelanda, y se nota que no tienen mucha experiencia haciéndolos). El túnel tiene una minúscula entrada en una impresionante montaña (si habéis visto la serie de Juego de Tronos es como “el muro”). El túnel no tiene nada de luz, el firme esta fatal, las paredes son de roca irregular y encima es una cuesta abajo de la leche. Nosotros entramos detrás de un bus y menos mal…. de primeras no ves nada, no sabes si estás en mitad de la calzada o muy pegado a la pared. Nosotros intentamos siempre estar a rebufo del bus que nos hacia de parapeto de cualquier cosa que viniera de frente. Cuando no habíamos avanzado ni 50 metros el autobús se paró y puso los intermitentes…. y esperamos… 1 minuto, 5 minutos …. y nada. El túnel estaba muy oscuro y solo se iluminaba por los flashes de las fotos que sacaban desde el autobús. Al rato paso en sentido contrario un camión pesado que hacia retumbar todo el túnel. Tras esto reanudamos la marcha y al poco, con un respiro de alivio, salimos del túnel. Ya estábamos a pocos kilómetros de nuestro destino! Cuando volvimos a ver la luz del día nos dimos cuenta que todo estaba más nevado aun, y que hacia tiempo que no pasaba nadie en nuestro sentido ya la única rodada que se veía era la del autobús que llevábamos delante. La bajada hasta Milford consistía en una serie de curvas muy cerradas y con mucha pendiente. Con un coche no hubieran supuesto mucho, pero con una camper de 7 metros requerían de máxima concentración.

DSC05247DSC05248

Enseguida perdimos cota y volvimos a adentrarnos en los bosques, antes de darnos cuenta estábamos aparcando en Milford y yendo a toda leche a la terminal de barcos para ver si llegábamos a tiempo a comprar los billetes del crucero que habíamos elegido por el camino (dadas las adversas condiciones meteorólogicas decidimos optar por no reservar). Eran las 12.30, al llegar a la terminal nos fuimos directamente al mostrador de una compañía que tenia un crucero de 2 horas y cuarto y que salía a las 12.45. No nos pusieron ninguna pega para comprar los billetes y eso que te dan la coña con que hay que estar media hora antes para hacer un check in. Cuando montamos en el barco por fin dejo de llover y justo nos encontramos con un chico muy majete del País Vasco que estaba haciendo Nueva Zelanda en solitario con su camper. Entre que salía el barco estuvimos compartiendo nuestras experiencias de la llegada al milford y echando unas risas.

DSC05251

Al poco comenzó el crucero, al cesar la lluvia la visibilidad mejoró enormemente y la visión del Milford Sound bien valió toda la “aventura” para llegar. El barco pasaba muy cerca de paredes verticales de más de 500 metros de altura de las que brotaban multitud de cascadas. En el barco nos contaron que en el Milford solamente hay 2 cascadas permanentes, el resto se formaban por las lluvias de las ultimas horas, por lo que algo bueno tenia el tiempo que nos había hecho durante las ultimas 24 horas. Las paredes a pesar de ser roca pura estaban completamente cubiertas por helechos y árboles, salvo algunas calvas que son de “avalancha de arboles”. Por lo que nos contaron, las plantas poco a poco se van haciendo fuertes en la roca: musgo, helechos, luego árboles pequeños… de forma que unos sujetan a otros… hasta que llega un momento que todo colapsa y se viene abajo como un castillo de naipes. Al ser un fiordo el barco se puede acercar a las paredes sin problema, lo que nos permitía tener una visión detallada de toda la cantidad de vida que se apelotonaba sobre la roca. El crucero seguía abriéndose paso a través del Milford, y nos íbamos deleitando con la visión de las grandes paredes verticales, sus cascadas, las cumbres nevadas al fondo… así llegamos al final del fiordo y entramos en el mar de Tasmania… lo cual se notó con la intensidad de oleaje, ¡el barco se convirtió en una montaña rusa! En ese momento, el tiempo volvió a dar un nuevo giro, esta vez a mejor y salió el sol, que nos acompaño durante el resto de la travesía.

DSC05259DSC05266DSC05286DSC05290DSC05300

A la vuelta fuimos más próximos a otra pared del fiordo y tuvimos la oportunidad de ver: focas, delfines y pingüinos. Ya con sol las vistas eran más impresionantes si cabe.

DSC05325DSC05344DSC05363DSC05399

Poco a poco el barco se iba acercando a una impresionante cascada y por megafonía dijeron que nos íbamos colocar debajo y que o cogías un impermeable o te metías dentro…. ahh y ojo con las cámaras que no sean water-proof (a la nuestra en ese momento ya le había caído tanta agua que le estaban saliendo branquias). Obviamente la elección fue la quedarse fuera… y bueno la experiencia de que te caiga agua de una cascada muchas decenas metros de altura y de agua heladora es impresionante… pero eso si, te quedas hecho una auténtica sopa (lo que hubiera dado yo por unas sopas de ajos calentitas en ese momento). Menos mal que descubrimos que el puente inferior de barco hay un self-service de café y té calentito…

DSC05354DSC05358DSC05383

Poco a poco el crucero se acercó de nuevo al puerto, la verdad es que salimos muy contentos y atontados por la majestuosidad del Milford Sound y por el tiempo que nos había hecho en el crucero. Cómo eran las tres decidimos emprender la vuelta a Te Anau ahora que la carretera estaba bien. Nos despedimos de nuestro compañero de viaje del País Vasco y volvimos de nuevo a nuestra campervan. La vuelta fue mucho más tranquila ya que hacia sol, las temperaturas habían subido y ya conocíamos lo que nos íbamos a encontrar. Fuimos muy concentrados hasta pasar de nuevo el hommer tunnel, que era tan malo a la ida como a la vuelta… pero bueno en cuanto salimos ya todo fue bien. La carretera, ya sin nieve en muchos tramos parecía totalmente diferente a la que nos habíamos encontrado horas antes.

DSC05428DSC05430DSC05434

En una hora y poco llegamos a Te Anau y fuimos a la gasolinera a devolver las cadenas (que al final no fueron necesarias ponerlas pero si llevarlas), y volvimos a llenar el deposito (hay que aprovechar siempre que se pueda). Eran las 5 de la tarde y aun teníamos tres horas de luz. Ya que en Te Anau no había mucho que hacer decidimos aprovechar para hacer kilómetros, ya que al día siguiente daban un tiempo espectacular, así que decidimos acercarnos lo más posible a nuestro siguiente destino: el monte Cook. Hicimos bastantes kilómetros, ya que pasamos de nuestro objetivo inicial de volver a Queenstown a llegar a Cromwell para pasar la noche en un holiday park Top Ten casi desierto, pero bueno, no nos importó mucho: preparamos la cena ¡y a dormir!

DSC05455DSC05466