jueves, 9 de enero de 2014

Día 26 – Fatiguita day!

Bueno el día digamos que ha empezado de empalmada con el anterior. Estamos en el aeropuerto de Christchurch y tras 10 horas de espera por fin han abierto la facturación de maletas. A estas alturas ya estamos un poco jarticos… y la verdad que las chicas de las mesas de facturación no ayudaban mucho: facturaron las maletas a destino como es lo esperable pero no nos dieron la tarjeta de embarque para el 2º vuelo. Y lo que es peor, cuando le preguntabas dudaban, tartamudeaban… y eso que era en ingles (su primer idiomas…), pero lo que más nos molestó es que volaramos con jet estar en lugar de con Quantas.

Con la tarjeta de embarque del primer vuelo nos dirigimos a la zona de embarque, atravesando el habitual control de seguridad y el control de explosivos adicional que últimamente recibe mi mochila llena de gadgets electrónicos….(Yo creo que me paran por la barba que me he dejado). En la sala de embarque aprovechamos para desayunar y gastar los últimos kiwi dólares que nos quedaban en la cartera ¡y rumbo a Melbourne!

En el vuelo aprovechamos para echar un buen coscorrón. Entre sueños escuchamos por megafonía que preguntaban si había algún medico entre el pasaje ya que había alguien que se encontraba mal. Esto según las películas es una mala señal, pero peor aún es cuando preguntan por megafonía si alguien sabe pilotar un avión…. en fin, que tras el vuelo espartano de 4 horas sin comida, sin mantita, sin pantalla para ver peliculas, llegamos a Melbourne. Tras localizar la puerta de embarque en la que nos dijeron que con una hora de antelación a la salida nos darían la tarjeta de embarque (estos de jet estar guardan las tarjetas como si fueran de oro) nos buscamos un rincón cerca de un enchufe y con wifi para pasar el rato viendo pelis, series y navegando por internet.

Después de mucho esperar y ya con nuestra reserva de anacardos que compramos en Nueva Zelanda en la reserva, conseguimos la ansiada tarjeta de embarque. Como era normal los asientos que nos tocaron era en la parte central de la fila (la configuración era 2-4-2) así nos sentó regular. El enfado se nos pasó pronto cuando vimos que los 4 asientos eran para nosotros solos y que al haber volado con Quantas nos iban a dar un pack de viaje (calcetines, antifaz, tapones para los oídos, etc…) y comida (para el resto del pasaje era de pago). El poder estar totalmente tumbado mejoró sensiblemente la experiencia de vuelo. Bueno total que tras tropececientas horas de espera y otras tantas de vuelo llegamos finalmente a Bangkok! Para nuestra tranquilidad comprobamos que las maletas habían llegado sin problema, así que tras el control de pasaportes y cambiar algo de dinero (la moneda tailandesa es el  Bath) nos fuimos directos a coger un taxi.

En internet habíamos leído bastante de lo habitual de los timos en Tailandia y de los líos que te hacen los taxis. Para minimizar problemas nos fuimos al servicio de “taxi publico” en el por 50 bats te buscan un taxi y te dan un papelito con todos sus datos por si te intenta timar. Esto no te salva de nada pero al menos se cortan un poco mas. Ya en el taxi el “colega” nos comento que lo del taxímetro que pasaba y que nos hacia tarifa plana del peaje de la autovía, los 50 bats del suplemento del aeropuerto y la carrera al hotel por 500 bats. En esos momentos teníamos pocas ganas de ponernos a discutir, ya que solo queríamos llegar a nuestro hotel y como habíamos visto en la página del hotel que la media del trayecto eran 500 bats (unos 12 euros) le dijimos que para adelante).

Tras 45 minutos llegamos al Hilton Millenium… en el cual teníamos una espectacular habitación con vistas al rio… y una más que deseable cama king size…. no nos quedaba fuerza para nada mas salvo para una ducha para quitarnos toda la roña de los aeropuertos por los que habíamos pasado y a la cama! a dormir como Dios manda!

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