martes, 9 de octubre de 2012

Día 21 - Vamos que nos vamos al Milford Sound

Primero vamos a explicar un poco qué es el Milford Sound y cómo llegar. Se trata de un fiordo situado al suroeste de la isla sur, formado por glaciares. Realmente no es un pueblo, sino una terminal de ferrys para hacer cruceros por el fiordo, un parking y unas cuantas casas/moteles. Las formas de acceder por Milfourd Sound son: a) avioneta/helicóptero; b) la ruta Milfourd Sound Track (5 días andando, está considerada como la2ª mejor ruta de montaña después del Aconcagua (o cómo se escriba); c) por carretera de montaña desde Te Anau (121 km de buen firme y trazado, aunque el Hommer Tunel se las trae…), puedes ir en tu propio coche/campervan o contratar la excursión completa de bus y crucero desde Te Anau o Queenstown.

Hoy nos hemos despertado pronto y rápidamente hemos abierto la cortina de la caravana para ver que tiempo hacia. La verdad es que lo que hemos visto nos ha dado esperanza ya que a pesar de estar nublado se veía un claro de cielo azul. Como la alegría dura poco en casa del pobre, hemos abierto la cortina del otro lado de la caravana y se veía unas nubes plomizas que no auguraban nada bueno… bueno de augurio poco, más bien se materializó a los 5 minutos con copos de nieve. En base a esto iniciamos el ritual de convertir el dormitorio de la caravana en el salón y preparamos el desayuno. Mientras recargábamos energía a base de nutella y café, estudiamos las alternativas que se nos planteaban: a) no ir al Milford (el joio nos lo estaba poniendo complicado); b) según la previsión meteorológica al día siguiente íbamos a tener sol radiante, por lo que habíamos pensado ir tranquilamente al Milford a ultima hora de la mañana, dormir allí y coger el primer barco de la mañana del domingo. Esta opción nos suponía un retraso en la planificación y tampoco teníamos garantías de que nos fuera hacer buen tiempo (el tiempo en primavera va un poco loco); c) Ir a Milford y hacer el crucero hoy por lo civil o por lo penal. Para poder decidir consultamos al oráculo Google para consultar el estado de la carretera, cortada desde las 5 de la tarde de ayer, y oh sorpresa, nos encontramos que estaba cortada a mitad de camino por nieve y arboles caídos. ¿¿¿Pero que pasa con esta carretera!!!???

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Con esta información fuimos a ver si la chica de i-site (algo empanada por cierto) nos podía decir algo más, y en efecto, superando su empanamiento logramos saber que a las 11:00 pensaban abrir la carretera pero que era necesario llevar cadenas. Así que decidimos optar por un hibrido de las opciones b y c  e ir hoy a Milford Sound. Nos acercamos a la gasolinera y alquilamos unas cadenas de nieve, el hombre nos dio una lección práctica de 2 minutos para saber como colocarlas. Ya con cadenas, el GPS configurado y la decisión tomada, encaramos los más de 100 km que nos separaban de Milford. Eran las 9.30 de la mañana.

Los 20 primeros kilómetros fueron bien, empezamos a ver cada vez más nieve y nos empezó a nevar cada vez con más fuerza. Ante esta situación decidimos parar a en Te Anau Downs a tomar algo y esperar que pasara un poco la nevada. Lo de tomar algo, ay ilusos de nosotros, porque en Te Anau Downs no hay nada, solo un explanada y unos baños… así que nuestro cafelito calentito tendrá que esperar a otro día. Allí esperamos un rato hasta que escampó: en 10 minutos paso de caer una nevada de la leche a salir tímidamente el sol. En Nueva Zelanda el hombre del tiempo no se puede equivocar, diga lo que diga acertará: en 2 horas nos había hecho sol, nublado, lluvia y nieve. Como no teníamos cobertura en el móvil Vodafone que habíamos pillado, algo ya habitual en la isla sur, no podíamos llamar para ver el estado de las carreteras para saber si al final lo abrían a las 11 o si se retrasaba, o sepa Dios… Como teníamos los horarios, decidimos esperar un poco más a ver si veíamos pasar los autobuses que te llevan de Queenstown o Te Anau a Milford: si no los veíamos pasar es que había problemas. Esperamos como media hora y empezaron a pasar a toda leche. En ese momento, como si fuéramos mecánicos de formula 1 dejamos todo lo que estábamos haciendo, guardamos los chismes que había por medio y salimos escopetados detrás de los autobuses aprovechando el camino que iban a abriendo.

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Conforme avanzábamos el paisaje era cada vez más blanco y hasta parecía que había llegado la navidad (y el corte ingles sin enterarse). Nos encontramos en valles completamente blancos por la nieve y rodeados por grandes montañas. En la ruta hay tramos que están marcados como Non-stop por el riesgo de avalanchas, así que las fotos tuvimos que hacerlas desde el coche. Al llevar autobuses por delante íbamos mucho más tranquilos sobre todo con el posible hielo que se hubiera podido formar en la carretera.

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Tras muchos valles y vistas asombrosas, llegamos al Homer Tunnel (primer túnel que hemos visto en Nueva Zelanda, y se nota que no tienen mucha experiencia haciéndolos). El túnel tiene una minúscula entrada en una impresionante montaña (si habéis visto la serie de Juego de Tronos es como “el muro”). El túnel no tiene nada de luz, el firme esta fatal, las paredes son de roca irregular y encima es una cuesta abajo de la leche. Nosotros entramos detrás de un bus y menos mal…. de primeras no ves nada, no sabes si estás en mitad de la calzada o muy pegado a la pared. Nosotros intentamos siempre estar a rebufo del bus que nos hacia de parapeto de cualquier cosa que viniera de frente. Cuando no habíamos avanzado ni 50 metros el autobús se paró y puso los intermitentes…. y esperamos… 1 minuto, 5 minutos …. y nada. El túnel estaba muy oscuro y solo se iluminaba por los flashes de las fotos que sacaban desde el autobús. Al rato paso en sentido contrario un camión pesado que hacia retumbar todo el túnel. Tras esto reanudamos la marcha y al poco, con un respiro de alivio, salimos del túnel. Ya estábamos a pocos kilómetros de nuestro destino! Cuando volvimos a ver la luz del día nos dimos cuenta que todo estaba más nevado aun, y que hacia tiempo que no pasaba nadie en nuestro sentido ya la única rodada que se veía era la del autobús que llevábamos delante. La bajada hasta Milford consistía en una serie de curvas muy cerradas y con mucha pendiente. Con un coche no hubieran supuesto mucho, pero con una camper de 7 metros requerían de máxima concentración.

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Enseguida perdimos cota y volvimos a adentrarnos en los bosques, antes de darnos cuenta estábamos aparcando en Milford y yendo a toda leche a la terminal de barcos para ver si llegábamos a tiempo a comprar los billetes del crucero que habíamos elegido por el camino (dadas las adversas condiciones meteorólogicas decidimos optar por no reservar). Eran las 12.30, al llegar a la terminal nos fuimos directamente al mostrador de una compañía que tenia un crucero de 2 horas y cuarto y que salía a las 12.45. No nos pusieron ninguna pega para comprar los billetes y eso que te dan la coña con que hay que estar media hora antes para hacer un check in. Cuando montamos en el barco por fin dejo de llover y justo nos encontramos con un chico muy majete del País Vasco que estaba haciendo Nueva Zelanda en solitario con su camper. Entre que salía el barco estuvimos compartiendo nuestras experiencias de la llegada al milford y echando unas risas.

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Al poco comenzó el crucero, al cesar la lluvia la visibilidad mejoró enormemente y la visión del Milford Sound bien valió toda la “aventura” para llegar. El barco pasaba muy cerca de paredes verticales de más de 500 metros de altura de las que brotaban multitud de cascadas. En el barco nos contaron que en el Milford solamente hay 2 cascadas permanentes, el resto se formaban por las lluvias de las ultimas horas, por lo que algo bueno tenia el tiempo que nos había hecho durante las ultimas 24 horas. Las paredes a pesar de ser roca pura estaban completamente cubiertas por helechos y árboles, salvo algunas calvas que son de “avalancha de arboles”. Por lo que nos contaron, las plantas poco a poco se van haciendo fuertes en la roca: musgo, helechos, luego árboles pequeños… de forma que unos sujetan a otros… hasta que llega un momento que todo colapsa y se viene abajo como un castillo de naipes. Al ser un fiordo el barco se puede acercar a las paredes sin problema, lo que nos permitía tener una visión detallada de toda la cantidad de vida que se apelotonaba sobre la roca. El crucero seguía abriéndose paso a través del Milford, y nos íbamos deleitando con la visión de las grandes paredes verticales, sus cascadas, las cumbres nevadas al fondo… así llegamos al final del fiordo y entramos en el mar de Tasmania… lo cual se notó con la intensidad de oleaje, ¡el barco se convirtió en una montaña rusa! En ese momento, el tiempo volvió a dar un nuevo giro, esta vez a mejor y salió el sol, que nos acompaño durante el resto de la travesía.

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A la vuelta fuimos más próximos a otra pared del fiordo y tuvimos la oportunidad de ver: focas, delfines y pingüinos. Ya con sol las vistas eran más impresionantes si cabe.

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Poco a poco el barco se iba acercando a una impresionante cascada y por megafonía dijeron que nos íbamos colocar debajo y que o cogías un impermeable o te metías dentro…. ahh y ojo con las cámaras que no sean water-proof (a la nuestra en ese momento ya le había caído tanta agua que le estaban saliendo branquias). Obviamente la elección fue la quedarse fuera… y bueno la experiencia de que te caiga agua de una cascada muchas decenas metros de altura y de agua heladora es impresionante… pero eso si, te quedas hecho una auténtica sopa (lo que hubiera dado yo por unas sopas de ajos calentitas en ese momento). Menos mal que descubrimos que el puente inferior de barco hay un self-service de café y té calentito…

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Poco a poco el crucero se acercó de nuevo al puerto, la verdad es que salimos muy contentos y atontados por la majestuosidad del Milford Sound y por el tiempo que nos había hecho en el crucero. Cómo eran las tres decidimos emprender la vuelta a Te Anau ahora que la carretera estaba bien. Nos despedimos de nuestro compañero de viaje del País Vasco y volvimos de nuevo a nuestra campervan. La vuelta fue mucho más tranquila ya que hacia sol, las temperaturas habían subido y ya conocíamos lo que nos íbamos a encontrar. Fuimos muy concentrados hasta pasar de nuevo el hommer tunnel, que era tan malo a la ida como a la vuelta… pero bueno en cuanto salimos ya todo fue bien. La carretera, ya sin nieve en muchos tramos parecía totalmente diferente a la que nos habíamos encontrado horas antes.

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En una hora y poco llegamos a Te Anau y fuimos a la gasolinera a devolver las cadenas (que al final no fueron necesarias ponerlas pero si llevarlas), y volvimos a llenar el deposito (hay que aprovechar siempre que se pueda). Eran las 5 de la tarde y aun teníamos tres horas de luz. Ya que en Te Anau no había mucho que hacer decidimos aprovechar para hacer kilómetros, ya que al día siguiente daban un tiempo espectacular, así que decidimos acercarnos lo más posible a nuestro siguiente destino: el monte Cook. Hicimos bastantes kilómetros, ya que pasamos de nuestro objetivo inicial de volver a Queenstown a llegar a Cromwell para pasar la noche en un holiday park Top Ten casi desierto, pero bueno, no nos importó mucho: preparamos la cena ¡y a dormir!

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