miércoles, 10 de octubre de 2012

Día 23 – Llueve una jartá!

Las predicciones meteorológicas nunca fallan cuando se necesitan. Después del fantástico día que tuvimos ayer hoy ha amanecido el día lluvioso y frío, e incluso el hombre de la gasolinera nos ha dicho que iba a nevar inminentemente. Con este panorama hemos decidido que no merecía la pena empaparnos para hacer la ruta al Monte John en el Lago Tekapo, así que hemos avanzado un poco más en nuestro viaje camino de Timaru.

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Timaru es una ciudad unos 200 km al sur de Christchurch, tampoco es que tenga nada espectacular que ver en un día lluvioso, pero algo había que hacer, así que aparcamos al lado de la playa (Caroline Bay) y dimos un paseo por la ciudad. La verdad es que el tema playas (arena, paseos marítimos, etc.) aquí no lo cuidan bastante, sobretodo en comparación con nuestras playas, aunque si que tienen a su favor que no hemos visto desarrollos urbanísticos tan monstruosos como los que tenemos en España. Tras la habitual cata del agua en Timaru, podemos afirmar que hasta los pingüinos dan grititos cuando se meten de lo fría que esta. A pesar de la temperatura glacial del agua, en las guías aparece como una de las playas más seguras de Nueva Zelanda para bañarse en verano…. parece ser que los muertos por hipotermia no los cuentan. En la playa también reciben la visita de pingüinos y focas al caer la tarde, lo cual es un plus si no has ido a Oamaru. Nosotros dimos una vuelta por su paseo marítimo, su jardín de rosas (aquí florecen en noviembre) y como ya estábamos aburridos y no dejaba de llover nos refugiamos en la biblioteca pública, porque tienen internet gratis.

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La verdad es que había pocas opciones que hacer en Timaru porque además era lunes y estaban cerrados un par de museos. Había que tomar una decisión: a) quedarnos en Timaru, dormir en un parking al lado de la playa donde esta permitido acampar y ver los pingüinos al caer la tarde; b) irnos a Geraldine (al norte de Timaru) que tiene un bosque de especies autóctonas muy famoso (Peel Forest).

Al final ganó la opción b) y pusimos rumbo a Geraldine donde una amable señora de la oficina de información nos puso al día de todo lo que podíamos hacer y donde podíamos pernoctar. Cómo seguía diluviando pasamos de ver el jersey más grande del mundo (record guiness) y optamos por hacer acopio de corderete en la carnicería del pueblo, porque eso de no parar de ver corderetes durante los últimos días saltando y correteando por lo prados hacia que nos relamiéramos… bueno no… pobrecitos los corderillos, pero como estos ya habían pasado a mejor vida… ¡pues a disfrutar de ellos!. Total, con unas cuantas chuletillas en el frigorífico decidimos dormir en un camping del Departamento de Conservación que está dentro del Peel Forest, así si escampaba en algún momento podríamos hacer alguna ruta para ver el bosque y su árbol gigante. No dejó de llover con ganas toda la tarde y toda la noche… ¡pero nuestro cordero murió por una buena causa!

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