Hoy es nuestro último día “operativo” en Nueva Zelanda. Tenemos que dejar la caravana antes de las 16:30 así que les pedimos a los del holiday park si nos dejaban hacer el check out de la caravana más tarde de las 10:00 que es la hora habitual (nos dejaron hasta las 14:00), así podríamos aprovechar la mañana para pasear por Christchurch, aunque el día anterior ya habíamos visto lo más importante. Cogimos un bus al centro de la ciudad, hicimos trasbordo y nos dirigimos hasta New Brighton, que es donde están los muelles porque al menos queríamos ver el mar y la playa de Christchurch, aunque en realidad esta ciudad vive de espaldas al mar, justo al contrario que Auckland y Wellington.
El trayecto de bus nos llevó de nuevo por barrios desolados por el terremoto, aunque algunos de ellos tampoco tenían mucha pinta de que tuvieran un buen lustre pre-terremoto. La zona del muelle es un poco decepcionante y esta vez no por causa del terremoto, sino por pura desidia. Vale, quizá aquí nos pueda el espíritu español de hacer paseos marítimos o por lo menos calles con algo de ¡vida!. Aquí lo único que había era un muelle feo, muy feo, y una biblioteca pública con vistas al mar (eso si que nos gusto, aunque el edificio por fuera tampoco era una belleza), por lo demás, pocas casas, ninguna lustrosa, no hoteles, alguna tienda y un supermercado cerca.
El muelle aparte de feo tiene su historia, al parecer antes había uno antiguo del siglo XIX pero en los años 60 decidieron que había que cambiarlo y empezaron a hacer una colecta entre los ciudadanos para recaudar dinero. El muelle se inauguró en los años 90, no sabemos si porque tardaron tiempo en recaudar o por qué, pero eso si, aquí si son agradecidos porque han puesto plaquitas en el muelle con los benefactores ¡y ordenado por la cantidad que donaron! Otra cosa que nos sorprendió es la cantidad de gente de origen asiático que había pescando cangrejos. La verdad es que no se les veía muy estresados a esta gente, echando un cigarro tras otro y de chachara con sus coleguillas. Era increíble la cantidad de cangrejos que sacaban con una nasa y carne podrida.
Después de ponernos los dientes largos con tanto marisquito, decidimos probar el agua y la playa. El mar estaba fresquibiris y en la playa no se estaba nada agustibiris, estaba llenita de troncos, ramas, etc., y no era muy ancha, así que no nos estuvimos mucho tiempo más y nos volvimos al centro de la ciudad porque queríamos rodear la “zona cero” que tenían acordonada y cerrada al tráfico.
La verdad es que se te corta el cuerpo ver el panorama del centro de la ciudad, es como estar en una zona de guerra, las calles están vacías con el único tráfico de camiones y de curritos, sólo hay edificios fantasma y/o a punto de derruirse… Aquí les quedan muchos años de reconstrucción, porque hay muchísimo trabajo por hacer….
De vuelta al camping, cogimos la caravana y emprendimos los últimos 15 minutos con la campervan, bastante tensos por cierto, porque temíamos que en cualquier momento cualquier tropiezo nos hiciera perder la fianza, y eso que al final ya la había dominado y la conducía con soltura, es más, ¡yo creo que cuando volvamos a España me va a costar conducir por la derecha otra vez! Además teníamos que buscar una gasolinera para saciar el voraz apetito de nuestra compañera de viaje. Al final nuestros temores fueron infundados, llegamos bien, sanos y salvos y la caravana sin ningún rasguño, así que los de APOLLO nos devolvieron la fianza y nos dieron una gratificación por los 2 días que nos tuvieron parados hasta que nos dieron la caravana de reemplazo. De aquí los de APOLLO nos llevaron al aeropuerto y allí nos quedamos esperando nuestro vuelo…Lo ideal hubiera sido aprovechar y volver a la ciudad para ver algo más pero tal y como estaba Christchurch, ya no había mucho más que ver. Otra opción era acercarnos a ver una atracción que tienen cerca del aeropuerto sobre la Antártida y los pingüinos, pero resulta que cerraba a las 17:00 así que no nos solucionaba la papeleta (tenia muy buena pinta ya que EEUU tiene en ChristChurch una base dentro del aeropuerto desde la que abastece a su base de la Antártida y tenían un muchos cacharrería antártica real). Sólo nos quedaba: esperar en el aeropuerto o coger algún hotel cerca, pero como nuestro vuelo salía a las 6 de la mañana decidimos quedarnos en el mismo aeropuerto. Lo malo fue que volábamos con Jet Star (la low cost de Quantas). Los de Quantas son unos cachondos, contratas con ellos pero te meten en un lowcost donde la “experiencia” de vuelo no es ni de lejos como volar con Quantas y encima no nos dejaban hacer el check in hasta las 4 de la mañana, así que tuvimos que estar con las maletas a cuestas. Para colmo a las 20:00 nos echaron de la zona de espera que tenía silloncitos y wifi y nos mandaron a la zona de llegadas internacionales, donde no había tiendas, ni bares, ¡ni sillones! Eso sí había una lista larguísima de prohibiciones (no acampar, no inflar colchones hinchables, no tender la ropa, no encender fuego….). Lo bueno es que conocimos a otro español y estuvimos charlando, así que se nos pasaron más rápidas las horas y conseguimos no dormirnos. Por delante todavía nos quedaba un vuelo de 4 horas a Melbourne, 5 horas de espera en el aeropuerto de Melbourne y otro vuelo Melbourne – Bangkok de 10 horas…¡vamos a por tí JET LAG!