miércoles, 10 de octubre de 2012

Día 24–Vamos a Ch’Ch’, usease a ChristChurch

El día comienza como acabó, con lluvia… llevamos 2 días que el tiempo no nos da tregua! Hoy según la previsión el tiempo iría mejorando, aunque de momento teníamos que conformarnos con lo que teníamos y hacer una pequeña ruta bajo la lluvia en el Peel Forest, un bosque protegido de podocarpos (totaras y kahikateas) para ver un gran árbol que tiene 31 metros de alto, 8,4 metros de diámetro ¡y más de 1000 años de vida!

DSC05737DSC05751DSC05762DSC05770

Después de hacer la ruta ponemos rumbo a nuestro último destino kiwi: Christchurch. La verdad es que no sabemos que nos encontraremos porque al parecer los terremotos del último año (febrero 2011) afectaron principalmente al centro de la ciudad. Unos españoles que nos encontramos durante el viaje ya nos avisaron de que el centro estaba casi todo vallado y que no íbamos a poder ver mucho de la ciudad. Para empezar el camping donde queríamos alojarnos nos enteramos que había sido afectado por el terremoto y estaba cerrado, así que tuvimos que alojarnos en el Top 10 Holiday Park, que está a unos 6 km al norte de la ciudad, aunque esta muy bien comunicado por bus ¡y tiene piscina!

DSC05777DSC05775

Una vez que aparcamos la campervan en el camping decidimos hacer una primera expedición y coger el bus hasta el centro de la ciudad. Al principio apenas veíamos edificios afectados, porque casi todo eran casas y moteles de una planta, pero a medida que nos acercábamos al centro empezábamos a ver las consecuencias del terremoto: iglesias dañadas con las cúpulas separadas para que no se cayeran, manzanas enteras cerradas con vallas y escombros, parcelas vacías donde antes había casas, tiendas abandonadas y apuntaladas… Al parecer la catedral fue gravemente dañada pero la  verdad es que no pudimos verla ni de lejos, porque todo el centro esta cerrado al tráfico y sólo se ven curritos y camiones trabajando y demoliendo edificios… El escenario era desolador y muy triste, en todas partes de la ciudad ibas viendo consecuencias del terremoto, no sólo en los edificios si no también en el pavimento con marcas fosforitas por todas partes para señalar los daños. Aún así la ciudad esta tratando de despertar y justo al lado del centro han abierto una calle comercial donde las tiendas están en contenedores de barco puestos en modo fashion, lo llaman el RE-START…

DSC05781DSC05784

DSC05786DSC05800DSC05802

Ante este panorama dimos una vuelta y nos dirigimos al jardín botánico donde no se veían grandes daños. Allí aprovechamos para visitar la oficina de información para ver si podían sugerirnos qué ver pero casi todo lo que nos ofrecían eran excursiones fuera de la ciudad y una ruta por la zona “cero” para entrar en la zona restringida y ver los daños del terremoto en la catedral (15 NZD, 50 minutos). Decidimos entrar en el Museo de Canterbury (gratis) que está justo al lado y puedes ver una exposición de la historia de la ciudad, incluso una reproducción de cómo serían las calles de Christchurch en el siglo XIX. Después aprovechamos para seguir dando un paseo por el botánico y nos volvimos al camping andando para ver la ciudad a pie de calle.

DSC05809

Día 23 – Llueve una jartá!

Las predicciones meteorológicas nunca fallan cuando se necesitan. Después del fantástico día que tuvimos ayer hoy ha amanecido el día lluvioso y frío, e incluso el hombre de la gasolinera nos ha dicho que iba a nevar inminentemente. Con este panorama hemos decidido que no merecía la pena empaparnos para hacer la ruta al Monte John en el Lago Tekapo, así que hemos avanzado un poco más en nuestro viaje camino de Timaru.

DSC05669DSC05674DSC05677

Timaru es una ciudad unos 200 km al sur de Christchurch, tampoco es que tenga nada espectacular que ver en un día lluvioso, pero algo había que hacer, así que aparcamos al lado de la playa (Caroline Bay) y dimos un paseo por la ciudad. La verdad es que el tema playas (arena, paseos marítimos, etc.) aquí no lo cuidan bastante, sobretodo en comparación con nuestras playas, aunque si que tienen a su favor que no hemos visto desarrollos urbanísticos tan monstruosos como los que tenemos en España. Tras la habitual cata del agua en Timaru, podemos afirmar que hasta los pingüinos dan grititos cuando se meten de lo fría que esta. A pesar de la temperatura glacial del agua, en las guías aparece como una de las playas más seguras de Nueva Zelanda para bañarse en verano…. parece ser que los muertos por hipotermia no los cuentan. En la playa también reciben la visita de pingüinos y focas al caer la tarde, lo cual es un plus si no has ido a Oamaru. Nosotros dimos una vuelta por su paseo marítimo, su jardín de rosas (aquí florecen en noviembre) y como ya estábamos aburridos y no dejaba de llover nos refugiamos en la biblioteca pública, porque tienen internet gratis.

 DSC05684DSC05687DSC05691DSC05698DSC05702

La verdad es que había pocas opciones que hacer en Timaru porque además era lunes y estaban cerrados un par de museos. Había que tomar una decisión: a) quedarnos en Timaru, dormir en un parking al lado de la playa donde esta permitido acampar y ver los pingüinos al caer la tarde; b) irnos a Geraldine (al norte de Timaru) que tiene un bosque de especies autóctonas muy famoso (Peel Forest).

Al final ganó la opción b) y pusimos rumbo a Geraldine donde una amable señora de la oficina de información nos puso al día de todo lo que podíamos hacer y donde podíamos pernoctar. Cómo seguía diluviando pasamos de ver el jersey más grande del mundo (record guiness) y optamos por hacer acopio de corderete en la carnicería del pueblo, porque eso de no parar de ver corderetes durante los últimos días saltando y correteando por lo prados hacia que nos relamiéramos… bueno no… pobrecitos los corderillos, pero como estos ya habían pasado a mejor vida… ¡pues a disfrutar de ellos!. Total, con unas cuantas chuletillas en el frigorífico decidimos dormir en un camping del Departamento de Conservación que está dentro del Peel Forest, así si escampaba en algún momento podríamos hacer alguna ruta para ver el bosque y su árbol gigante. No dejó de llover con ganas toda la tarde y toda la noche… ¡pero nuestro cordero murió por una buena causa!

DSC05720DSC05727DSC05723

martes, 9 de octubre de 2012

Día 22 – Monte Cook: ¡hoy te toca a ti!

Amanecimos en Cromwell, un pueblo con muchos viñedos y frutales al lado de un lago, de los muchos que nos estamos encontrando en Nueva Zelanda. Las predicciones meteorológicas no fallaron y el día estaba tan radiante de sol que hasta escocían los ojos, así que decidimos ir directos al pueblo de Monte Cook antes de que se nublara. La carretera era sorprendentemente bastante buena, muy llana, con pocas curvas, así que realmente avanzabas bastante rápido. El paisaje también había cambiado, ya no era verde y frondoso y los ríos tenían poco caudal, pero seguíamos rodeados de altas montañas allá por donde mirases.

DSC05488DSC05489DSC05498

Cuando te desvías para el Monte Cook la carretera va rodeando el lago Pukaki, que tiene un increíble color azul turquesa. Yo creo que nos estamos inmunizando ante la belleza de tanto lago, porque es que en la isla sur hay lagos por doquier, a cual más grande y hermoso.

DSC05618DSC05621

Por fin llegamos al pueblo del Monte Cook, aunque más que pueblo realmente es un puñado de hoteles y la oficina de información, cita obligada cada vez que llegamos nuevos a algún sitio. Aquí nos han dicho dos posibles rutas que podemos hacer: a) el Hooker valley (unas 3 horas ida y vuelta, con parking al principio de la ruta); b) el glaciar Tasman que se está derritiendo formando un nuevo lago (tienes que coger 8 km de una carretera sin asfaltar que según el de la oficina de información no siempre cubre la empresa de alquiler de caravanas y luego todavía tienes una caminata de media hora). Decidimos hacer la primera ruta que nos acercaría al Monte Cook y al glaciar y lago Hooker y luego ya veríamos si teníamos tiempo para hacer la segunda.

DSC05506DSC05510DSC05513

El Parque Nacional del Monte Cook comprende unas 140 cumbres de más de 2000 metros y varios glaciares. Realmente ya habíamos estado muy cerca del Monte Cook cuando estuvimos viendo los glaciares Fox y Franz Josef porque estos están justo al oeste, aunque esos días estaba tan nublado que no se veía ninguna cumbre. La pena es que no haya muchas carreteras en Nueva Zelanda porque muchas veces tienes que dar grandes rodeos para poder ir a un sitio que realmente está al lado (Milford Sound debe estar a unos 50 km en línea recta de Queenstown si hubiera alguna carretera…), pero bueno, supongo que menos carreteras, menos impacto mediombiental y menos inversión en infraestructuras que tienen que hacer…

El Monte Cook es el más alto de Nueva Zelanda con 3.754 metros y sirvió de entrenamiento para que Sir Edmund Hillary escalará posteriormente el Everest. La ruta del Hooker Valley te acerca al Monte Cook, nosotros al principio nos costaba reconocer cuál era exactamente porque está tan rodeado de grandes cumbres que es difícil distinguir cual es el más alto. La ruta esta genial, el sol lucía radiante, todavía había nieve en el camino y la cumbre del Monte Cook era un cubito de hielo, pero la ruta no tiene grandes repechos, aunque tienes que atravesar varios puentes colgantes y parte del camino esta embarrado y tienes que ir saltando de piedra en piedra (¡como las “zamburguesas” de Humor Amarillo!).

DSC05519DSC05539DSC05550DSC05565DSC05570DSC05589

Al final de la ruta llegas a un lago y ves la cara terminal de otro glaciar, aunque no nos acercamos mucho porque había riesgo de avalanchas y total, el monte Cook se veía igual de bien. Además, hacía un frio glacial que te cortaba el cuerpo a pesar del solete. En el camino de vuelta incluso vimos una pequeña avalancha de nieve en uno de los picos (estábamos lejos así que no había que preocuparse).

Cuando llegamos al parking recargamos pilas pero no se porque hoy estábamos los dos un poco plof y no queriamos arriesgar la fianza de la campervan metiéndola en el camino sin asfaltar para hacer la segunda ruta que nos habían propuesto (y andando eran 8 km más), así que animados por las buenas carreteras que nos estábamos encontrando por esta región, decidimos avanzar un poco más e ir a dormir a orillas del Lago Tekapo para poder verlo con la luz del sol, porque nuevamente las previsiones meteorológicas no nos daban tregua y auguraban un lunes lluvioso ¡¡incluso nevado!!

El lago Tekapo es primo hermano del Pukaki, con un agua azul turquesa increíble.  Cómo ya llegamos un pelín tarde para poder hacer una ruta que hay para subir al monte John y ver las vistas desde allí, decidimos ir directos a ver la Iglesia del buen pastor que está al lado del lago y al parecer se ha convertido en un gran atractivo turístico de asiáticos que vienen aquí para hacerse fotos de enamorados o incluso de boda. La iglesia en cuestión es más bien una capillita de piedra y tampoco es que sea una gran maravilla, lo bueno es su emplazamiento. Así que la verdad es que no entendemos esta pasión de asiáticos que llegaban como hordas en autobuses para hacerse fotos aquí y en la estatua de un perro ovejero (nos quedamos un rato contemplando a esta gente haciendo todo tipo de poses pintorescas: simulacro de pedida de matrimonio, beso y amor para siempre, vergüenza ajeeenaaaa….). Esto nos hace pensar que entonces cuando esta gente llega a España y ve la catedral de Burgos debe entrar en trance porque si se ponen así por una capillita de piedra de menos de 100 años….

DSC05633DSC05657DSC05645DSC05644

Día 21 - Vamos que nos vamos al Milford Sound

Primero vamos a explicar un poco qué es el Milford Sound y cómo llegar. Se trata de un fiordo situado al suroeste de la isla sur, formado por glaciares. Realmente no es un pueblo, sino una terminal de ferrys para hacer cruceros por el fiordo, un parking y unas cuantas casas/moteles. Las formas de acceder por Milfourd Sound son: a) avioneta/helicóptero; b) la ruta Milfourd Sound Track (5 días andando, está considerada como la2ª mejor ruta de montaña después del Aconcagua (o cómo se escriba); c) por carretera de montaña desde Te Anau (121 km de buen firme y trazado, aunque el Hommer Tunel se las trae…), puedes ir en tu propio coche/campervan o contratar la excursión completa de bus y crucero desde Te Anau o Queenstown.

Hoy nos hemos despertado pronto y rápidamente hemos abierto la cortina de la caravana para ver que tiempo hacia. La verdad es que lo que hemos visto nos ha dado esperanza ya que a pesar de estar nublado se veía un claro de cielo azul. Como la alegría dura poco en casa del pobre, hemos abierto la cortina del otro lado de la caravana y se veía unas nubes plomizas que no auguraban nada bueno… bueno de augurio poco, más bien se materializó a los 5 minutos con copos de nieve. En base a esto iniciamos el ritual de convertir el dormitorio de la caravana en el salón y preparamos el desayuno. Mientras recargábamos energía a base de nutella y café, estudiamos las alternativas que se nos planteaban: a) no ir al Milford (el joio nos lo estaba poniendo complicado); b) según la previsión meteorológica al día siguiente íbamos a tener sol radiante, por lo que habíamos pensado ir tranquilamente al Milford a ultima hora de la mañana, dormir allí y coger el primer barco de la mañana del domingo. Esta opción nos suponía un retraso en la planificación y tampoco teníamos garantías de que nos fuera hacer buen tiempo (el tiempo en primavera va un poco loco); c) Ir a Milford y hacer el crucero hoy por lo civil o por lo penal. Para poder decidir consultamos al oráculo Google para consultar el estado de la carretera, cortada desde las 5 de la tarde de ayer, y oh sorpresa, nos encontramos que estaba cortada a mitad de camino por nieve y arboles caídos. ¿¿¿Pero que pasa con esta carretera!!!???

milford

Con esta información fuimos a ver si la chica de i-site (algo empanada por cierto) nos podía decir algo más, y en efecto, superando su empanamiento logramos saber que a las 11:00 pensaban abrir la carretera pero que era necesario llevar cadenas. Así que decidimos optar por un hibrido de las opciones b y c  e ir hoy a Milford Sound. Nos acercamos a la gasolinera y alquilamos unas cadenas de nieve, el hombre nos dio una lección práctica de 2 minutos para saber como colocarlas. Ya con cadenas, el GPS configurado y la decisión tomada, encaramos los más de 100 km que nos separaban de Milford. Eran las 9.30 de la mañana.

Los 20 primeros kilómetros fueron bien, empezamos a ver cada vez más nieve y nos empezó a nevar cada vez con más fuerza. Ante esta situación decidimos parar a en Te Anau Downs a tomar algo y esperar que pasara un poco la nevada. Lo de tomar algo, ay ilusos de nosotros, porque en Te Anau Downs no hay nada, solo un explanada y unos baños… así que nuestro cafelito calentito tendrá que esperar a otro día. Allí esperamos un rato hasta que escampó: en 10 minutos paso de caer una nevada de la leche a salir tímidamente el sol. En Nueva Zelanda el hombre del tiempo no se puede equivocar, diga lo que diga acertará: en 2 horas nos había hecho sol, nublado, lluvia y nieve. Como no teníamos cobertura en el móvil Vodafone que habíamos pillado, algo ya habitual en la isla sur, no podíamos llamar para ver el estado de las carreteras para saber si al final lo abrían a las 11 o si se retrasaba, o sepa Dios… Como teníamos los horarios, decidimos esperar un poco más a ver si veíamos pasar los autobuses que te llevan de Queenstown o Te Anau a Milford: si no los veíamos pasar es que había problemas. Esperamos como media hora y empezaron a pasar a toda leche. En ese momento, como si fuéramos mecánicos de formula 1 dejamos todo lo que estábamos haciendo, guardamos los chismes que había por medio y salimos escopetados detrás de los autobuses aprovechando el camino que iban a abriendo.

DSC05189DSC05191DSC05212

Conforme avanzábamos el paisaje era cada vez más blanco y hasta parecía que había llegado la navidad (y el corte ingles sin enterarse). Nos encontramos en valles completamente blancos por la nieve y rodeados por grandes montañas. En la ruta hay tramos que están marcados como Non-stop por el riesgo de avalanchas, así que las fotos tuvimos que hacerlas desde el coche. Al llevar autobuses por delante íbamos mucho más tranquilos sobre todo con el posible hielo que se hubiera podido formar en la carretera.

DSC05225DSC05236DSC05238

Tras muchos valles y vistas asombrosas, llegamos al Homer Tunnel (primer túnel que hemos visto en Nueva Zelanda, y se nota que no tienen mucha experiencia haciéndolos). El túnel tiene una minúscula entrada en una impresionante montaña (si habéis visto la serie de Juego de Tronos es como “el muro”). El túnel no tiene nada de luz, el firme esta fatal, las paredes son de roca irregular y encima es una cuesta abajo de la leche. Nosotros entramos detrás de un bus y menos mal…. de primeras no ves nada, no sabes si estás en mitad de la calzada o muy pegado a la pared. Nosotros intentamos siempre estar a rebufo del bus que nos hacia de parapeto de cualquier cosa que viniera de frente. Cuando no habíamos avanzado ni 50 metros el autobús se paró y puso los intermitentes…. y esperamos… 1 minuto, 5 minutos …. y nada. El túnel estaba muy oscuro y solo se iluminaba por los flashes de las fotos que sacaban desde el autobús. Al rato paso en sentido contrario un camión pesado que hacia retumbar todo el túnel. Tras esto reanudamos la marcha y al poco, con un respiro de alivio, salimos del túnel. Ya estábamos a pocos kilómetros de nuestro destino! Cuando volvimos a ver la luz del día nos dimos cuenta que todo estaba más nevado aun, y que hacia tiempo que no pasaba nadie en nuestro sentido ya la única rodada que se veía era la del autobús que llevábamos delante. La bajada hasta Milford consistía en una serie de curvas muy cerradas y con mucha pendiente. Con un coche no hubieran supuesto mucho, pero con una camper de 7 metros requerían de máxima concentración.

DSC05247DSC05248

Enseguida perdimos cota y volvimos a adentrarnos en los bosques, antes de darnos cuenta estábamos aparcando en Milford y yendo a toda leche a la terminal de barcos para ver si llegábamos a tiempo a comprar los billetes del crucero que habíamos elegido por el camino (dadas las adversas condiciones meteorólogicas decidimos optar por no reservar). Eran las 12.30, al llegar a la terminal nos fuimos directamente al mostrador de una compañía que tenia un crucero de 2 horas y cuarto y que salía a las 12.45. No nos pusieron ninguna pega para comprar los billetes y eso que te dan la coña con que hay que estar media hora antes para hacer un check in. Cuando montamos en el barco por fin dejo de llover y justo nos encontramos con un chico muy majete del País Vasco que estaba haciendo Nueva Zelanda en solitario con su camper. Entre que salía el barco estuvimos compartiendo nuestras experiencias de la llegada al milford y echando unas risas.

DSC05251

Al poco comenzó el crucero, al cesar la lluvia la visibilidad mejoró enormemente y la visión del Milford Sound bien valió toda la “aventura” para llegar. El barco pasaba muy cerca de paredes verticales de más de 500 metros de altura de las que brotaban multitud de cascadas. En el barco nos contaron que en el Milford solamente hay 2 cascadas permanentes, el resto se formaban por las lluvias de las ultimas horas, por lo que algo bueno tenia el tiempo que nos había hecho durante las ultimas 24 horas. Las paredes a pesar de ser roca pura estaban completamente cubiertas por helechos y árboles, salvo algunas calvas que son de “avalancha de arboles”. Por lo que nos contaron, las plantas poco a poco se van haciendo fuertes en la roca: musgo, helechos, luego árboles pequeños… de forma que unos sujetan a otros… hasta que llega un momento que todo colapsa y se viene abajo como un castillo de naipes. Al ser un fiordo el barco se puede acercar a las paredes sin problema, lo que nos permitía tener una visión detallada de toda la cantidad de vida que se apelotonaba sobre la roca. El crucero seguía abriéndose paso a través del Milford, y nos íbamos deleitando con la visión de las grandes paredes verticales, sus cascadas, las cumbres nevadas al fondo… así llegamos al final del fiordo y entramos en el mar de Tasmania… lo cual se notó con la intensidad de oleaje, ¡el barco se convirtió en una montaña rusa! En ese momento, el tiempo volvió a dar un nuevo giro, esta vez a mejor y salió el sol, que nos acompaño durante el resto de la travesía.

DSC05259DSC05266DSC05286DSC05290DSC05300

A la vuelta fuimos más próximos a otra pared del fiordo y tuvimos la oportunidad de ver: focas, delfines y pingüinos. Ya con sol las vistas eran más impresionantes si cabe.

DSC05325DSC05344DSC05363DSC05399

Poco a poco el barco se iba acercando a una impresionante cascada y por megafonía dijeron que nos íbamos colocar debajo y que o cogías un impermeable o te metías dentro…. ahh y ojo con las cámaras que no sean water-proof (a la nuestra en ese momento ya le había caído tanta agua que le estaban saliendo branquias). Obviamente la elección fue la quedarse fuera… y bueno la experiencia de que te caiga agua de una cascada muchas decenas metros de altura y de agua heladora es impresionante… pero eso si, te quedas hecho una auténtica sopa (lo que hubiera dado yo por unas sopas de ajos calentitas en ese momento). Menos mal que descubrimos que el puente inferior de barco hay un self-service de café y té calentito…

DSC05354DSC05358DSC05383

Poco a poco el crucero se acercó de nuevo al puerto, la verdad es que salimos muy contentos y atontados por la majestuosidad del Milford Sound y por el tiempo que nos había hecho en el crucero. Cómo eran las tres decidimos emprender la vuelta a Te Anau ahora que la carretera estaba bien. Nos despedimos de nuestro compañero de viaje del País Vasco y volvimos de nuevo a nuestra campervan. La vuelta fue mucho más tranquila ya que hacia sol, las temperaturas habían subido y ya conocíamos lo que nos íbamos a encontrar. Fuimos muy concentrados hasta pasar de nuevo el hommer tunnel, que era tan malo a la ida como a la vuelta… pero bueno en cuanto salimos ya todo fue bien. La carretera, ya sin nieve en muchos tramos parecía totalmente diferente a la que nos habíamos encontrado horas antes.

DSC05428DSC05430DSC05434

En una hora y poco llegamos a Te Anau y fuimos a la gasolinera a devolver las cadenas (que al final no fueron necesarias ponerlas pero si llevarlas), y volvimos a llenar el deposito (hay que aprovechar siempre que se pueda). Eran las 5 de la tarde y aun teníamos tres horas de luz. Ya que en Te Anau no había mucho que hacer decidimos aprovechar para hacer kilómetros, ya que al día siguiente daban un tiempo espectacular, así que decidimos acercarnos lo más posible a nuestro siguiente destino: el monte Cook. Hicimos bastantes kilómetros, ya que pasamos de nuestro objetivo inicial de volver a Queenstown a llegar a Cromwell para pasar la noche en un holiday park Top Ten casi desierto, pero bueno, no nos importó mucho: preparamos la cena ¡y a dormir!

DSC05455DSC05466