Tras 2 días en el parque nacional de Abel Tasman nos toca volver a la carretera rumbo a la costa oeste de la isla sur, uno de los puntos más lluviosos de Nueva Zelanda. Por delante tenemos 300 km, lo que en España no sería mucho pero aquí son como poco 4 horas largas de conducción. Para amenizar el viaje tenemos programadas varias paradas para aprovechar e ir viendo cosillas, ¡así que manos a la obra!
Iniciamos el día con el ritual habitual de recoger la caravana, desayuno, aseos varios, desconectar la caravana del punto de luz del holiday park, etc… A la media hora ya estábamos en ruta, despidiéndonos de Abel Tasman y muy contentos por el excelente tiempo que habíamos tenido.
Nos dirigimos hacia Westport y elegimos dar un rodeo para ir por una carretera principal (de las que se puede llegar a 100 km/h) en lugar de tirar por un camino de cabras por el que nos mandaba el GPS. Ya en carretera el día no pintaba bien, se veían unos nubarrones en la distancia negros ¡¡pero que mú negros!! La primera parada que teníamos preparada era en el Buller Gorge, que es un rio en el que descubrieron oro y para potenciar la atracción han montado el puente colgante más largo de Nueva Zelanda. Además fue el epicentro de un par de terremotos en el siglo pasado y se pueden apreciar las fallas y la elevación del terremoto de casi 5 metros que provoco uno de ellos. Cuando el GPS nos indicaba que faltaban 10 Km para llegar a nuestro destino estaban cayendo chuzos de punta y de vez en cuando incluso algún granizo. De repente, como si alguien pusiera el interruptor en modo off, la lluvia ceso y salió el sol (que picaba de lo lindo). Aprovechando esta tregua hicimos la visita. Es muy curioso de ver y bien vale los 5 NZD que cuesta la entrada. Como es habitual también ofrecen hacer jet boat (ir con una motora haciendo trompos por el rio), hacer tirolina, y demás kiwidades varias. Lo vimos con tranquilidad y con un sol radiante, pero cuando esperábamos para cruzar el puente de nuevo para volvernos a la campervan nos cayeron cuatro gotas… ya en la campervan aprovechamos para tomar un tentempié y on the road again….
El siguiente destino era la ciudad costera de Westport, era destino obligado porque nos quedaba un tercio de deposito de combustible y no había ninguna gasolinera a la vista. Aquí impera la norma de: llena el deposito a tope SIEMPRE que puedas. La carretera a Westport seguía el rio Buller, el cual nos ofrecía unas vistas increíbles con sus aguas turquesa intensas y enmarcadas por las grandes montañas. La carretera era también muy peculiar, estaba salpicada de puentes de un solo carril y de carriles escavados literalmente en la roca de la montaña en la que rezábamos por no encontrarnos con un camión de frente. Durante el camino, dependiendo del valle por el que pasáramos hacia sol o llovía como si el mundo estuviera a punto de acabarse (para ser el primer día que nos llueve en el viaje nos estaba lloviendo de lo lindo). Un poco mas tarde de lo planificado, por motivos meteorológicos, llegamos a Westport. La ciudad no tiene nada salvo sus gasolineras y ohh sorpresa, allí tienen el diesel 20 centavos de dólar mas caros que el resto de gasolineras del país (por lo que vemos lo normal es que este a 1,55 NZD/Litro) ¡me dio un coraje no haber llenado el deposito en Motueka!! En fin esto es lo que hay, en Westport nuestro único interés era ir a ver la colonia de focas que está 15 km al sur de la ciudad. En la gasolinera nos dieron un plano detallado de cómo llegar. Tal y como entramos de la ciudad, salimos de ella y nos dirigimos rumbo al sur a ver a las focas, aprovechando que la lluvia había dado un respiro. Hasta ahora habíamos tenido bastante suerte siempre que parábamos para ver algo dejaba de llover. Llegamos a nuestro destino y dejamos la campervan en un parking frente a una playa de arena negra en la que el furioso mar de Tasmania arremetía con sus olas. Era un espectáculo: el olor a mar, el viento en la cara, el sonido de las olas contra las rocas… Nos encanto. Para ver a las focas tuvimos que seguir un carril (todo muy bien señalizado) y tras una breve caminata, allí las vimos rempanchigadas en una roca. Había unas 20 tomando el “nublo” porque lo que se dice sol no había mucho. Después de ver la focas andamos por el camino que va por los acantilados que conforman esa parte de la costa y como teníamos algo de hambre nos volvimos a la camper a comer algo. Las vistas que teníamos mientras comíamos eran de restaurante de 5 tenedores.
Tras ver a nuestras amigas las focas volvimos a la carretera con rumbo a Greymouth. En el camino teníamos que atravesar un de los trayectos de carretera denominados por la guía de lonely planet como de los mas bellos del mundo y también teníamos pensado parar a ver las Pancake rocks que están en Punakaiki. La carretera no estaba mal y la vistas eran impresionantes pero como la vegetación es tan espesa solo se puede ver la costa en contadas ocasiones. Como el día no acompañaba mucho no paramos a hacer fotos, tan solo las hicimos desde el coche. Siguiendo esta carretera, llegamos a las pancake rocks, que es un acantilado con formas de tortitas. Estas formaciones esta conformadas por capas de sedimentos marinos que a lo largo de los años y a fuerza de terremotos han salido a la superficie y al erosionarse toman formas curiosas, además de las habituales de pancakes (“tortitas”). Antes de ir a verlas (a 20 minutos del parking donde dejamos la campervan) como estaba chispeando decidimos ponernos las botas de montaña por lo que pudiera pasar…. y menos mal, cuando estábamos en el punto de no retorno se puso a llover con rabia ¡¡e incluso nos granizo!!! Lo bueno es que nos llovió tanto y tan rápido que en 1 minuto estábamos totalmente chorreando, así que optamos por seguir viendo las pancake con tranquilidad. Tan rápido como empezó dejo de llover, y cuando nos dirigíamos a la campervan ¡¡NOS SALIO EL SOL!!!!! Lo bueno de ir en el campervan es que en estos casos te salva la vida, abres tu armario sacas otros pantalones y aquí no ha pasado nada.
Tras las aventura de las pankakes llegamos a Greymouth, llegamos ya un poco tarde y las calles de la ciudad estaban complemente desiertas. Fuimos al carrefour de aquí, el Countdown, a comprar algo de comida (por cierto, la comida no es precisamente barata, aquí hacerse un gazpacho es artículo de lujo: ¡el kg de tomate estaba a 12 NZD (unos 7 euros!)!) y no había tampoco mucha gente (mas cajeras que clientes). Con la nevera recargada nos fuimos al holiday park que está en la playa pero al llegar ya de noche no hemos podido verla. A ver si mañana podemos…. ¡¡ahora toca descansar!!!
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