lunes, 24 de septiembre de 2012

Día 7– Auckland

Tras un sueño reparador, afrontamos nuestra nueva etapa neozelandesa con la barra de energía a tope. Por estos lares hace fresco, se supone que la primavera esta empezando, así que todavía el sol no calienta demasiado. Nosotros hemos estado todo el día con chamarreta y polar, aunque los kiwis (los neozelándeses, vaya), iban muchos de verano, con chanclas de playa y abrigo… en fin, nosotros todavía nos estamos aclimatando porque en Hong Kong estábamos a 30º, así que aquí no nos lo hemos pensado dos veces y hemos pillado unos guantes por 1NZD por lo que pueda pasar (claro, ¡aquí están de rebajas de invierno!).

Lo primero ha sido ver la Sky Tower, que es el clásico ejemplo de lo que tiene que hacer un alcalde cuando ve que su ciudad no tiene muchos atractivos turísticos: te montas un piruli, lo llenas de restaurantes en las plantas bajas, lo rellenas con oficinas en el medio y en el pirulo montas un mirador para ver toda la ciudad, ¡ah! sin olvidar que también puedes poner una atracción para dar vueltas al edificio con arnés a 192 metros de altura y para hacer “puenting”. Nosotros sólo hemos subido (aunque nos ha tentado la opción del puenting, sobretodo después de ver cómo lo hacía un niño de ¡¡¡10 años!!). Subir hasta arriba del todo te cuesta 28 NZD (18 NZD si creen que eres estudiante, jejeje) pero la verdad es que merece la pena para tener una buena panorámica de la ciudad y para situar todo lo que quieres ver y lo que no merece la pena. La torre mide 328 metros, tienes una vista de 80 km a la redonda y el ascensor sube a una velocidad de 18 km/h.  Los muy cachondos han puesto parte del suelo de cristal, así que da un poco de impresión mirar abajo pero te aseguran que tiene 3 cm de grosor y es tan duro como el hormigón.

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La ciudad de Auckland es la antítesis de Hong Kong, es una ciudad muy horizontal (según la guía es la 2ª ciudad más extensa del mundo) y en el centro de la ciudad no hay mucha vivienda, tan solo oficinas, bares, tiendas y hoteles. La ciudad es sosilla y no tiene gran cosa que ver, así que con 1 día que tenemos para verla, estimamos que será mas que suficiente.

Después de ver el sky tower salimos con bastante hambre, así que de camino al puerto pasamos por un restaurante italiano que nos hizo ojitos ¡de comer hoy toca: Pizza!. Aquí no es que haya un cocina propiamente neozelandesa con especialidades propias (salvo el corderete y los filetacos que ya comeremos cuando nos adentremos por la Nueva Zelanda profunda), por lo que no nos dio cargo de conciencia comer en un italiano.

En el puerto estuvimos sondeando horarios y precios de excursiones en barco, por 10 minutos nos perdimos una excursión que tenía buena pinta y te llevaba por toda la bahía, había una excursión a una isla que estaba un poco más lejos (Wahiteke island), donde podías hacer rutas, pero no teníamos tanto tiempo, sería para estar 2 días en Auckland). Así que cambiamos de planes y nos fuimos a patearnos la ciudad. Vimos el ayuntamiento, paseamos por la calle principal (Queen street), vimos la “Pasarela Cibeles” kiwi que estaba al lado del puerto y un parque muy chulo (el Albert Park), que tenía unos árboles viejisimos con unos troncos retorcidos (ficus e incluso olivos) y como aquí es primavera algunos estaban floreciendo. Este parque estaba en lo alto de una colina, en lo que debió de ser un antiguo volcan, lo cual es muy normal, porque Auckland es una ciudad rodeada de pequeños volcanes durmientes, sobre los que han edificado o han construido parques, así que por ese motivo es una ciudad con algunas colinas y cuestas…

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Al final después de patearnos la ciudad ya no sabíamos que más hacer, así que nos decidimos a coger un ferry a las 17.00 y cruzar la bahía hasta Devonport (11NZD ida y vuelta), así podíamos ver todo el skyline de Auckland desde la otra orilla. Estuvimos por el paseo marítimo viendo casitas con estilo victoriano y ¿eduardiano? (lonely planet dixit) y vimos la base naval de Auckland. Cuando nos volvimos descubrimos  que podíamos subir a un pequeño montículo-volcan, que al final resultaba que era el Monte Victoria. No era muy alto, sólo 86 metros, pero ojo con la pendiente que había para subir… Arriba tenían un bunker y un antiguo cañón de 13 toneladas para la defensa de Auckland, porque estuvieron preocupados por la expansión rusa en el océano pacifico y decidieron fortificarse. Pero sin duda lo mejor eran las increíbles vistas y la imponente puesta de sol que se disfrutaba desde allí.

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De vuelta a Auckland vía ferry, toca reponer fuerzas en el Mcdonalds y antes que digáis, joer que tíos más cutres que van a Nueva Zelanda a comer en el Mcdonalds, he de deciros que es que queríamos probar ¡¡la hamburguesa de cordero!! y ¿cómo esta? Supone un nuevo desafío para los paladares vulgarizados por el vacuno desmenuzado…jejeje…está bien, le da un punto innovador a la clásica hamburguesa.

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